Cuál es la visión del presidente del Banco Mundial sobre el futuro de la Argentina

Fueron 48 horas de superacción pero su cara no muestra ningún signo de cansancio. Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial, asegura que es feliz cuando viaja y tiene la posibilidad de conocer gente de los lugares más disímiles. Sobre sus espaldas se apoya un presupuesto de US$ 120.000 millones al año en financiamiento, de los cuales unos US$ 20.000 millones son para América Latina y una agenda de viajes express con los que recorre el mundo.

Banga asumió su rol el 2 de junio de 2023 y desde ese momento ya tuvo cuatro reuniones con el presidente argentino, Javier Milei. Su paso por Buenos Aires no fue la excepción y también se incorporó la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el ministro de Economía, Luis Caputo; y el secretario de Finanzas, Pablo Quirno. Tuvo también mano a mano con líderes de las industrias más disímiles cuyos protagonistas se guardaron bajo siete llaves. No así la impresión que le generaron esos encuentros a los que en el Organismo ungieron como “una de los mejores feedbacks de los últimos tiempos”.

Él ahora número uno del Banco Mundial antes fue vicepresidente de General Atlantic, presidente y director ejecutivo de Mastercard, una organización internacional de casi 24.000 empleados y hoy lidera un consorcio integrado por 189 países con la misión de eliminar la pobreza extrema y promover la prosperidad a nivel internacional. En una entrevista exclusiva con LA NACION, Banga da un firme respaldo al gobierno libertario, asegura que el sector privado debe tomar mayor protagonismo y anticipa que el desembolso del organismo multilateral se dará junto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades con el objetivo de incentivar el funcionamiento del sector privado.

-¿Cómo fue su reciente reunión con el presidente Milei y su equipo?

-Esta es la cuarta vez que me reuní con él. Las otras tres veces fueron fuera de la Argentina, en el entorno del G7, del G20 y cuando vino a la oficina del Banco Mundial, unos meses atrás. Discutimos cosas tangibles que el Banco Mundial puede hacer, para ser útil en el período que viene.

La primera reunión fue cuando yo recién asumí el cargo. En ese momento, él estaba en las primeras etapas de su ciclo de reformas. Pero yo lo apoyaba mucho y lo dije: la Argentina necesita hacer las cosas de manera diferente, porque pasó décadas sin poder salir de problemas macroeconómicos y fiscales, a lo que se sumaba la falta de confianza de los inversores en el futuro de la Argentina, a pesar de que como país ofrece mucho: recursos, tierras para agricultura y ganadería, y personas con gran conocimiento y capacidad digital. Allí surgieron empresas como Mercado Libre, a pesar de los desafíos. La Argentina tiene mucho para ofrecer, pero la combinación de factores no estaba funcionando.

-¿Qué siente que cambió?

-Esta es la primera vez que conozco a alguien, en mis años de relación con la Argentina, que tiene una lógica económica simple. Y su lógica es: arreglar el déficit fiscal. Poner la casa en orden. No gastar más de lo que se puede permitir. Reducir el tamaño del sector público. Y permitir que el sector privado crezca, porque eso creará empleo y generará el impulso correcto en el país.

-Tiene también otros desafíos…

-Sí. La gestión del tipo de cambio, y la confianza de los inversores en que esto se mantendrá y será algo positivo para el futuro. Y sobre esto son nuestras conversaciones. Estamos armando un paquete sustancial, desde el sector público del banco, el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento), pero también desde el sector privado, IFC (Corporación Financiera Internacional) y MIGA (Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones). Y, de hecho, creo que la parte del sector privado del banco será aún más importante, porque es lo que él y su gobierno quieren hacer.

Se está armando un buen paquete. Deberíamos estar listos para anunciarlo junto con el FMI y el BID, de manera coordinada, para que el mercado pueda ver que la comunidad internacional está presente.

Le dije al Presidente que manejó la recesión bastante bien, mejor de lo que la gente pensaba que lo haría. La inflación bajó y el déficit pasó a superávit fiscal por primera vez en mucho tiempo. Él hizo los recortes, pero ahora necesita avanzar hacia el crecimiento: está en ese punto de transición en la economía.

-¿Cuál es el rol de la comunidad internacional ahora?

-Este es el momento en el que la comunidad internacional debe decir: “Estamos detrás de ti. Vamos a poner más viento en tus velas para que puedas crecer”. Si la Argentina prospera, junto a Brasil y a otros países, América Latina también se volverá más próspera. Y eso es bueno para el mundo.

-¿Por qué esta aprobación de deuda será diferente?

-Gran parte del dinero que vamos a invertir -se excusó de precisar el monto- aquí no es dinero que la Argentina esté tomando prestado del Banco Mundial. En realidad, es dinero que está destinado a ayudar al sector privado a construir sus negocios. Habrá algo de dinero destinado a cosas cómo mejorar la administración tributaria, lo cual cualquier ciudadano aquí te dirá que es una buena idea, porque aumentará los ingresos internos, lo que ayudará al Presidente y a su equipo económico. Es cierto que nuestro objetivo es ayudar en administración tributaria y en institutos de capacitación, pero las inversiones reales son para permitir que el sector privado crezca y apoye la privatización de empresas estatales. Queremos empoderar al sector privado, no aumentar la deuda nacional. Ese es nuestro objetivo.

-En noviembre de 2023, dio una entrevista a Deutsche Welle, en la que había señalado que la Argentina necesitaba una revolución, no una evolución. ¿Siente que estamos viviendo esa revolución?

-La evolución significa seguir haciendo lo mismo, pero cada vez mejor. Si ese hubiera sido el camino correcto, ya habría sucedido en los últimos 45 años.

Por el contrario, por revolución no me refiero a una revolución física, sino a una manera diferente de hacer las cosas. Si hacemos lo mismo repetidamente y creemos que obtendremos un resultado diferente, no tiene sentido. Si las cosas no cambian, tenemos que cambiar lo que estamos haciendo. A eso me refiero con “revolución”.

Es necesario hacer las cosas de manera diferente. Y eso es lo que él está haciendo: ataca el déficit fiscal, reduce el tamaño del Estado, facilita la desregulación, y disminuye el número de agencias. No tenemos que estar de acuerdo con todo, pero tenemos que respetar la oportunidad de que un presidente electo haga los cambios que quiere.

-¿Cuáles son sus expectativas sobre los resultados?

-Durante estas crisis, estuve del otro lado en trabajos anteriores. Las compañías en las que trabajé tuvieron desafíos en esos entornos, como Mastercard y Citibank. Mi verdadera expectativa es que este ajuste esté listo para moverse hacia el crecimiento. Creo que la gente debe ser paciente: no se pueden obtener resultados de crecimiento en dos o tres meses, ni en un trimestre. Pero el cambio comenzó. Si logramos implementar las medidas adecuadas, la Argentina no necesita dinero para sostener su situación fiscal, sino para crecer. Eso lleva unos cuantos trimestres. El crecimiento ya ha comenzado, pero me refiero a un crecimiento sostenido que las personas puedan sentir todos los días.

Las cosas tienen que cambiar en términos de la confianza de los inversionistas extranjeros de que esto es un patrón consistente. Para que puedan decir: “Debería traer mi dinero e invertir aquí”, ya sea en minería, en energía, en agricultura, en tecnología digital, en economía digital o en inteligencia artificial, en lo cual la Argentina tiene potencial. La gente tiene que sentir que si trae dinero, puede ver un camino confiable. Ese es el punto en el que estamos.

-¿Qué tan importante es el riesgo político, en términos de que todos los partidos estén en la misma sintonía respecto del largo plazo?

Eso es raro en cualquier país. Si miramos la historia de los países que crecieron, es muy raro que todos los partidos estén alineados. Si todos los partidos estuvieran alineados, ¿por qué existirían múltiples partidos? No tengo esa expectativa.

En India -donde crecí-, en Australia, en Japón, en Estados Unidos, y en Corea del Sur, los partidos son diferentes, pero los países crecieron y se desarrollaron igualmente a lo largo de los años. A menos que estemos en un régimen más controlado o autoritario, básicamente los partidos son diferentes. No me involucro en la política de los partidos. La tarea es centrarse en el pensamiento económico de los partidos y tratar de crear cierta previsibilidad en la actividad. Habrá cambios y las elecciones tienen consecuencias. Es el derecho de las personas. Es el voto del pueblo. Y eso se tiene que respetar, pero preocuparse por el crecimiento subyacente básico, por la confianza de los inversores, por la gente, por su ciudadanía, por los empleos, por los ingresos, por la capacitación, por sus hijos, eso es algo positivo. Me enfoco mucho en los niños, los jóvenes y el empleo.

Creo que todos los líderes políticos ganan elecciones básicamente por dos razones. Una es por mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos -lo cual depende de lo que signifique calidad de vida en ese momento en el ciclo del país; podría ser el crimen, el aire limpio, la educación, o la estabilidad, por ejemplo-. Y la segunda es el empleo. ¿Qué significa un empleo para cada persona? Significa que gano dinero y que puedo cuidar de mi familia y de mí mismo; pero también significa dignidad y poder sostenerme por mí mismo.

-Escribió un artículo en el Financial Times sobre el futuro del empleo y la fuerza laboral que aceleran sus cambios…

-En los mercados emergentes, 1200 millones de personas alcanzarán la edad de trabajar en los próximos 12 a 15 años. Y los mismos países -entre los que figura la Argentina- están en camino de crear solo 420 millones de empleos. Las proyecciones pueden estar equivocadas, pero hay una gran brecha entre 400 millones y 1200 millones. Si cientos de millones de jóvenes en los mercados emergentes no tienen la esperanza ni la dignidad de un ingreso, creo que tenemos un problema a nivel social. Esto se traduce en sociedades inestables, en migración ilegal y, lo más importante, en falta de oportunidades de crecimiento.

-¿Cómo está creciendo el mundo? Se habla del “dividendo demográfico”

-Hay un dividendo demográfico. Si les damos educación, atención médica, aire y agua limpios cuando están creciendo, pero no les damos luego un empleo cuando están listos, hay un problema. Y en eso me estoy enfocando.

Eso no significa que no debas construir escuelas, que no debas construir puentes, que no debas ayudar a una empresa minera. Todas esas son formas de crear empleo. Lo que quiero cambiar no es si se construyen escuelas o puentes, sino asegurarme de que todo lo que hagamos esté interconectado para generar empleo.

Durante esta visita, me reuní con CEOs y con más empresarios de diferentes sectores -minería, energía, banca, y capital de riesgo, por ejemplo-. Estamos tratando de conectar los puntos.

-Usted escribió mucho sobre la responsabilidad y el papel del sector privado en el futuro de los negocios. Nuestro gobierno está desregulando muchas actividades, lo que ha creado también nuevos detractores en algunos sectores. ¿Qué opina al respecto?

-El sector privado tiene un papel que desempeñar en el desarrollo, porque no hay suficiente dinero en el sector público. El gobierno está gestionando su déficit fiscal. Si les pide que inviertan todo el dinero en crear empleo, volverán a tener problemas fiscales. Incluso los países más ricos del mundo, -en Europa y de América, Australia y los países de la OCDE- no tienen el margen financiero para ser los responsables de todo esto.

El 80% de los empleos se crean en el sector privado. La función del sector público es crear un entorno propicio para que el sector privado participe y gane. ¿Y qué es ese entorno propicio? Infraestructura, salud, educación, puentes, carreteras, aeropuertos, almacenes, electricidad, infraestructura digital, con las regulaciones adecuadas. Todo lo que permite al sector privado decir: “Puedo participar y ganar”. Por sector privado, no me refiero solo a empresas globales. Me refiero también a pequeñas, medianas y grandes empresas, a pequeños agricultores y a empresas globales, entre otras.

-Ustedes tienen una responsabilidad al respecto…

-En nuestra institución, tenemos el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento) y la AIF (Asociación Internacional de Fomento), que se encargan de las cuestiones del sector público. Tenemos el Banco de Conocimiento, que ayuda con las regulaciones. Y contamos con la CFI (Corporación Financiera Internacional) y el OMGI (Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones), y nuestro Organismo de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), que colabora con el sector privado. Contamos con todos los recursos. Somos solo una parte de la solución, porque tenemos un balance limitado. Otorgamos préstamos por valor de US$120.000 millones al año, pero la demanda es mucho mayor. Incluso si trabajamos muy bien con el BID y otros bancos multilaterales, aún no hay suficiente dinero. Ese es el papel del sector privado.

La única manera de atraer grandes sumas de dinero con la tecnología, la innovación y la urgencia del sector privado es hacerlo de la manera correcta. Así lo veo yo. Cualquier cosa que ayude a mejorar la competencia y a atraer más al sector privado es positiva.

-¿Qué opina sobre el cambio generado a nivel global, tras la decisión de Donald Trump sobre los aranceles al comercio?

-Desde hace tiempo digo esto: el modelo de desarrollo global que ha dependido del traslado de empleos del mundo desarrollado al mundo en desarrollo, permitiendo así que el mundo en desarrollo también crezca, requiere que suceda algo. Las personas en el mundo desarrollado también necesitan tener la misma esperanza y dignidad de un trabajo de la que estamos hablando. No podemos decir que, porque estamos en el mundo desarrollado, no lo necesitamos. Un amigo mío dijo una vez que la pobreza es tanto un estado mental como un estado de ser: la mente es la dignidad y el ser es el ingreso. Y no podemos decir que unos deben tenerlo y otros no.

Si retrocedemos en el tiempo incluso 10 años, veremos la cantidad de acuerdos comerciales regionales y bilaterales ha estado aumentando. Y la razón de esto es que las personas están tratando de encontrar un comercio en el que ambos ganen. Creo que todo lo que estamos viendo en el mundo, ya sea una acción específica como los aranceles o la tendencia a lo largo del tiempo, es que la gente está tratando de encontrar un comercio de beneficio mutuo, en lugar de simplemente subcontratar empleos.

-¿Cómo se crearán empleos en el mundo en desarrollo?

-Estamos eligiendo áreas que no requieren subcontratación. Creamos un consejo de empleo que nos asesora, dirigido por la expresidenta Michelle Bachelet de Chile y el actual presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam. Hay directores ejecutivos, economistas y representantes de la sociedad civil en él. Y hay cinco áreas clave en las que nos estamos enfocando:

Infraestructura. En la Argentina, por ejemplo, hay áreas enteras en donde las empresas pueden invertir, pero no tienen la capacidad de mover sus productos porque las carreteras no están en buenas condiciones y los ferrocarriles no existen. Nos contaron que les toma 45 días recorrer 1200 kilómetros, es decir, 70 kilómetros al día. Si tienen productos agrícolas, por ejemplo, se echan a perder. La infraestructura es realmente importante. La construcción crea empleos, pero luego la infraestructura permite más empleos. No es subcontratación, es local.

Agricultura. La Argentina, Paraguay y Brasil son países bendecidos con muchos agricultores y muchos recursos naturales. Pero,¿qué les está pasando a esos pequeños agricultores? Al crecer, su generación, diferente de la mía y la de mi padre, piensa que la pequeña agricultura no vale la pena. Venden la tierra, se mudan a áreas urbanas y se convierten en población urbana pobre, a menos que tengan la suerte de ir a la universidad o encontrar un buen trabajo como nosotros. Ese no es un buen futuro. La clave es hacerles sentir que también tienen un futuro en sus tierras. Pero para ello, necesitan cooperativas que les den acceso a mercados, carreteras adecuadas, fertilizantes, y mejor tecnología de semillas, Por eso, el Banco Mundial se comprometió a invertir US$9000 millones al año en ayudar a los pequeños agricultores.

-¿Qué otros rubros?

-Atención primaria de salud. No solo permitirá a la población vivir de forma más saludable, sino que creará empleos para enfermeros, técnicos en diagnóstico médico, fabricación de equipos de protección personal. No solo necesitamos médicos, sino personas en diferentes niveles del sistema de salud para detectar enfermedades de forma temprana y ayudar con enfermedades no transmisibles, lo que yo llamo “los problemas del crecimiento de la clase media”: ataques cardíacos, presión arterial alta y diabetes. Estas no eran enfermedades comunes en nuestros antepasados, porque llevaban un estilo de vida diferente con una dieta distinta. Este es el problema de nuestra generación. Para abordarlo, necesitamos atención primaria de salud. Por eso, nos comprometimos a llegar a 1500 millones de personas para 2030 con atención primaria de salud.

Turismo. Este es un país con un enorme potencial para el turismo. Vine aquí por primera vez como turista y luego por trabajo. Necesitamos no solo infraestructura, sino también personas capacitadas en turismo, desde recepcionistas hasta operadores de salones de belleza, guías turísticos, y conductores de autobuses o camiones. Son empleos en diferentes niveles de la escala social, que ayudan a las personas a ascender.

Manufactura: No queremos que la minería signifique solo extraer el mineral y llevarlo al extranjero para procesarlo. El trabajo también debe realizarse aquí para que se generen empleos aquí. Si pensamos en estas áreas, ¿dónde está la subcontratación? Son empleos relevantes para las economías locales, que también se ajustan al comercio regional y bilateral. Ese es el modelo de crecimiento que estamos tratando de impulsar. Y para eso necesitamos institutos de capacitación y educación infantil temprana, un tipo diferente de inversión. Hay una gran brecha de habilidades en la minería, en el noroeste e incluyendo Chile. Si siguen adelante con los proyectos mineros pendientes de aprobación, no habrá suficientes personas capacitadas para ejecutarlos.

-De qué tiempos hablamos…

-Uno de los directores ejecutivos me dijo: “En cinco años, necesitarás un tipo de persona diferente porque la inteligencia artificial cambiará todo”. Estoy de acuerdo. Necesitaremos perfiles diferentes en cinco años, pero nosotros no somos los mejores para decidir eso. La industria lo es. Si ayudamos a crear institutos de capacitación con el gobierno en distintas áreas, el sector privado debe ayudarnos a definir qué tipo de habilidades se necesitan, para que entonces podamos desarrollar el plan de estudios. Esto no es caridad, sino acciones con un enfoque empresarial real.

Fueron 48 horas de superacción pero su cara no muestra ningún signo de cansancio. Ajay Banga, presidente del Grupo Banco Mundial, asegura que es feliz cuando viaja y tiene la posibilidad de conocer gente de los lugares más disímiles. Sobre sus espaldas se apoya un presupuesto de US$ 120.000 millones al año en financiamiento, de los cuales unos US$ 20.000 millones son para América Latina y una agenda de viajes express con los que recorre el mundo.

Banga asumió su rol el 2 de junio de 2023 y desde ese momento ya tuvo cuatro reuniones con el presidente argentino, Javier Milei. Su paso por Buenos Aires no fue la excepción y también se incorporó la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el ministro de Economía, Luis Caputo; y el secretario de Finanzas, Pablo Quirno. Tuvo también mano a mano con líderes de las industrias más disímiles cuyos protagonistas se guardaron bajo siete llaves. No así la impresión que le generaron esos encuentros a los que en el Organismo ungieron como “una de los mejores feedbacks de los últimos tiempos”.

Él ahora número uno del Banco Mundial antes fue vicepresidente de General Atlantic, presidente y director ejecutivo de Mastercard, una organización internacional de casi 24.000 empleados y hoy lidera un consorcio integrado por 189 países con la misión de eliminar la pobreza extrema y promover la prosperidad a nivel internacional. En una entrevista exclusiva con LA NACION, Banga da un firme respaldo al gobierno libertario, asegura que el sector privado debe tomar mayor protagonismo y anticipa que el desembolso del organismo multilateral se dará junto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras entidades con el objetivo de incentivar el funcionamiento del sector privado.

-¿Cómo fue su reciente reunión con el presidente Milei y su equipo?

-Esta es la cuarta vez que me reuní con él. Las otras tres veces fueron fuera de la Argentina, en el entorno del G7, del G20 y cuando vino a la oficina del Banco Mundial, unos meses atrás. Discutimos cosas tangibles que el Banco Mundial puede hacer, para ser útil en el período que viene.

La primera reunión fue cuando yo recién asumí el cargo. En ese momento, él estaba en las primeras etapas de su ciclo de reformas. Pero yo lo apoyaba mucho y lo dije: la Argentina necesita hacer las cosas de manera diferente, porque pasó décadas sin poder salir de problemas macroeconómicos y fiscales, a lo que se sumaba la falta de confianza de los inversores en el futuro de la Argentina, a pesar de que como país ofrece mucho: recursos, tierras para agricultura y ganadería, y personas con gran conocimiento y capacidad digital. Allí surgieron empresas como Mercado Libre, a pesar de los desafíos. La Argentina tiene mucho para ofrecer, pero la combinación de factores no estaba funcionando.

-¿Qué siente que cambió?

-Esta es la primera vez que conozco a alguien, en mis años de relación con la Argentina, que tiene una lógica económica simple. Y su lógica es: arreglar el déficit fiscal. Poner la casa en orden. No gastar más de lo que se puede permitir. Reducir el tamaño del sector público. Y permitir que el sector privado crezca, porque eso creará empleo y generará el impulso correcto en el país.

-Tiene también otros desafíos…

-Sí. La gestión del tipo de cambio, y la confianza de los inversores en que esto se mantendrá y será algo positivo para el futuro. Y sobre esto son nuestras conversaciones. Estamos armando un paquete sustancial, desde el sector público del banco, el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento), pero también desde el sector privado, IFC (Corporación Financiera Internacional) y MIGA (Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones). Y, de hecho, creo que la parte del sector privado del banco será aún más importante, porque es lo que él y su gobierno quieren hacer.

Se está armando un buen paquete. Deberíamos estar listos para anunciarlo junto con el FMI y el BID, de manera coordinada, para que el mercado pueda ver que la comunidad internacional está presente.

Le dije al Presidente que manejó la recesión bastante bien, mejor de lo que la gente pensaba que lo haría. La inflación bajó y el déficit pasó a superávit fiscal por primera vez en mucho tiempo. Él hizo los recortes, pero ahora necesita avanzar hacia el crecimiento: está en ese punto de transición en la economía.

-¿Cuál es el rol de la comunidad internacional ahora?

-Este es el momento en el que la comunidad internacional debe decir: “Estamos detrás de ti. Vamos a poner más viento en tus velas para que puedas crecer”. Si la Argentina prospera, junto a Brasil y a otros países, América Latina también se volverá más próspera. Y eso es bueno para el mundo.

-¿Por qué esta aprobación de deuda será diferente?

-Gran parte del dinero que vamos a invertir -se excusó de precisar el monto- aquí no es dinero que la Argentina esté tomando prestado del Banco Mundial. En realidad, es dinero que está destinado a ayudar al sector privado a construir sus negocios. Habrá algo de dinero destinado a cosas cómo mejorar la administración tributaria, lo cual cualquier ciudadano aquí te dirá que es una buena idea, porque aumentará los ingresos internos, lo que ayudará al Presidente y a su equipo económico. Es cierto que nuestro objetivo es ayudar en administración tributaria y en institutos de capacitación, pero las inversiones reales son para permitir que el sector privado crezca y apoye la privatización de empresas estatales. Queremos empoderar al sector privado, no aumentar la deuda nacional. Ese es nuestro objetivo.

-En noviembre de 2023, dio una entrevista a Deutsche Welle, en la que había señalado que la Argentina necesitaba una revolución, no una evolución. ¿Siente que estamos viviendo esa revolución?

-La evolución significa seguir haciendo lo mismo, pero cada vez mejor. Si ese hubiera sido el camino correcto, ya habría sucedido en los últimos 45 años.

Por el contrario, por revolución no me refiero a una revolución física, sino a una manera diferente de hacer las cosas. Si hacemos lo mismo repetidamente y creemos que obtendremos un resultado diferente, no tiene sentido. Si las cosas no cambian, tenemos que cambiar lo que estamos haciendo. A eso me refiero con “revolución”.

Es necesario hacer las cosas de manera diferente. Y eso es lo que él está haciendo: ataca el déficit fiscal, reduce el tamaño del Estado, facilita la desregulación, y disminuye el número de agencias. No tenemos que estar de acuerdo con todo, pero tenemos que respetar la oportunidad de que un presidente electo haga los cambios que quiere.

-¿Cuáles son sus expectativas sobre los resultados?

-Durante estas crisis, estuve del otro lado en trabajos anteriores. Las compañías en las que trabajé tuvieron desafíos en esos entornos, como Mastercard y Citibank. Mi verdadera expectativa es que este ajuste esté listo para moverse hacia el crecimiento. Creo que la gente debe ser paciente: no se pueden obtener resultados de crecimiento en dos o tres meses, ni en un trimestre. Pero el cambio comenzó. Si logramos implementar las medidas adecuadas, la Argentina no necesita dinero para sostener su situación fiscal, sino para crecer. Eso lleva unos cuantos trimestres. El crecimiento ya ha comenzado, pero me refiero a un crecimiento sostenido que las personas puedan sentir todos los días.

Las cosas tienen que cambiar en términos de la confianza de los inversionistas extranjeros de que esto es un patrón consistente. Para que puedan decir: “Debería traer mi dinero e invertir aquí”, ya sea en minería, en energía, en agricultura, en tecnología digital, en economía digital o en inteligencia artificial, en lo cual la Argentina tiene potencial. La gente tiene que sentir que si trae dinero, puede ver un camino confiable. Ese es el punto en el que estamos.

-¿Qué tan importante es el riesgo político, en términos de que todos los partidos estén en la misma sintonía respecto del largo plazo?

Eso es raro en cualquier país. Si miramos la historia de los países que crecieron, es muy raro que todos los partidos estén alineados. Si todos los partidos estuvieran alineados, ¿por qué existirían múltiples partidos? No tengo esa expectativa.

En India -donde crecí-, en Australia, en Japón, en Estados Unidos, y en Corea del Sur, los partidos son diferentes, pero los países crecieron y se desarrollaron igualmente a lo largo de los años. A menos que estemos en un régimen más controlado o autoritario, básicamente los partidos son diferentes. No me involucro en la política de los partidos. La tarea es centrarse en el pensamiento económico de los partidos y tratar de crear cierta previsibilidad en la actividad. Habrá cambios y las elecciones tienen consecuencias. Es el derecho de las personas. Es el voto del pueblo. Y eso se tiene que respetar, pero preocuparse por el crecimiento subyacente básico, por la confianza de los inversores, por la gente, por su ciudadanía, por los empleos, por los ingresos, por la capacitación, por sus hijos, eso es algo positivo. Me enfoco mucho en los niños, los jóvenes y el empleo.

Creo que todos los líderes políticos ganan elecciones básicamente por dos razones. Una es por mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos -lo cual depende de lo que signifique calidad de vida en ese momento en el ciclo del país; podría ser el crimen, el aire limpio, la educación, o la estabilidad, por ejemplo-. Y la segunda es el empleo. ¿Qué significa un empleo para cada persona? Significa que gano dinero y que puedo cuidar de mi familia y de mí mismo; pero también significa dignidad y poder sostenerme por mí mismo.

-Escribió un artículo en el Financial Times sobre el futuro del empleo y la fuerza laboral que aceleran sus cambios…

-En los mercados emergentes, 1200 millones de personas alcanzarán la edad de trabajar en los próximos 12 a 15 años. Y los mismos países -entre los que figura la Argentina- están en camino de crear solo 420 millones de empleos. Las proyecciones pueden estar equivocadas, pero hay una gran brecha entre 400 millones y 1200 millones. Si cientos de millones de jóvenes en los mercados emergentes no tienen la esperanza ni la dignidad de un ingreso, creo que tenemos un problema a nivel social. Esto se traduce en sociedades inestables, en migración ilegal y, lo más importante, en falta de oportunidades de crecimiento.

-¿Cómo está creciendo el mundo? Se habla del “dividendo demográfico”

-Hay un dividendo demográfico. Si les damos educación, atención médica, aire y agua limpios cuando están creciendo, pero no les damos luego un empleo cuando están listos, hay un problema. Y en eso me estoy enfocando.

Eso no significa que no debas construir escuelas, que no debas construir puentes, que no debas ayudar a una empresa minera. Todas esas son formas de crear empleo. Lo que quiero cambiar no es si se construyen escuelas o puentes, sino asegurarme de que todo lo que hagamos esté interconectado para generar empleo.

Durante esta visita, me reuní con CEOs y con más empresarios de diferentes sectores -minería, energía, banca, y capital de riesgo, por ejemplo-. Estamos tratando de conectar los puntos.

-Usted escribió mucho sobre la responsabilidad y el papel del sector privado en el futuro de los negocios. Nuestro gobierno está desregulando muchas actividades, lo que ha creado también nuevos detractores en algunos sectores. ¿Qué opina al respecto?

-El sector privado tiene un papel que desempeñar en el desarrollo, porque no hay suficiente dinero en el sector público. El gobierno está gestionando su déficit fiscal. Si les pide que inviertan todo el dinero en crear empleo, volverán a tener problemas fiscales. Incluso los países más ricos del mundo, -en Europa y de América, Australia y los países de la OCDE- no tienen el margen financiero para ser los responsables de todo esto.

El 80% de los empleos se crean en el sector privado. La función del sector público es crear un entorno propicio para que el sector privado participe y gane. ¿Y qué es ese entorno propicio? Infraestructura, salud, educación, puentes, carreteras, aeropuertos, almacenes, electricidad, infraestructura digital, con las regulaciones adecuadas. Todo lo que permite al sector privado decir: “Puedo participar y ganar”. Por sector privado, no me refiero solo a empresas globales. Me refiero también a pequeñas, medianas y grandes empresas, a pequeños agricultores y a empresas globales, entre otras.

-Ustedes tienen una responsabilidad al respecto…

-En nuestra institución, tenemos el BIRF (Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento) y la AIF (Asociación Internacional de Fomento), que se encargan de las cuestiones del sector público. Tenemos el Banco de Conocimiento, que ayuda con las regulaciones. Y contamos con la CFI (Corporación Financiera Internacional) y el OMGI (Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones), y nuestro Organismo de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), que colabora con el sector privado. Contamos con todos los recursos. Somos solo una parte de la solución, porque tenemos un balance limitado. Otorgamos préstamos por valor de US$120.000 millones al año, pero la demanda es mucho mayor. Incluso si trabajamos muy bien con el BID y otros bancos multilaterales, aún no hay suficiente dinero. Ese es el papel del sector privado.

La única manera de atraer grandes sumas de dinero con la tecnología, la innovación y la urgencia del sector privado es hacerlo de la manera correcta. Así lo veo yo. Cualquier cosa que ayude a mejorar la competencia y a atraer más al sector privado es positiva.

-¿Qué opina sobre el cambio generado a nivel global, tras la decisión de Donald Trump sobre los aranceles al comercio?

-Desde hace tiempo digo esto: el modelo de desarrollo global que ha dependido del traslado de empleos del mundo desarrollado al mundo en desarrollo, permitiendo así que el mundo en desarrollo también crezca, requiere que suceda algo. Las personas en el mundo desarrollado también necesitan tener la misma esperanza y dignidad de un trabajo de la que estamos hablando. No podemos decir que, porque estamos en el mundo desarrollado, no lo necesitamos. Un amigo mío dijo una vez que la pobreza es tanto un estado mental como un estado de ser: la mente es la dignidad y el ser es el ingreso. Y no podemos decir que unos deben tenerlo y otros no.

Si retrocedemos en el tiempo incluso 10 años, veremos la cantidad de acuerdos comerciales regionales y bilaterales ha estado aumentando. Y la razón de esto es que las personas están tratando de encontrar un comercio en el que ambos ganen. Creo que todo lo que estamos viendo en el mundo, ya sea una acción específica como los aranceles o la tendencia a lo largo del tiempo, es que la gente está tratando de encontrar un comercio de beneficio mutuo, en lugar de simplemente subcontratar empleos.

-¿Cómo se crearán empleos en el mundo en desarrollo?

-Estamos eligiendo áreas que no requieren subcontratación. Creamos un consejo de empleo que nos asesora, dirigido por la expresidenta Michelle Bachelet de Chile y el actual presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam. Hay directores ejecutivos, economistas y representantes de la sociedad civil en él. Y hay cinco áreas clave en las que nos estamos enfocando:

Infraestructura. En la Argentina, por ejemplo, hay áreas enteras en donde las empresas pueden invertir, pero no tienen la capacidad de mover sus productos porque las carreteras no están en buenas condiciones y los ferrocarriles no existen. Nos contaron que les toma 45 días recorrer 1200 kilómetros, es decir, 70 kilómetros al día. Si tienen productos agrícolas, por ejemplo, se echan a perder. La infraestructura es realmente importante. La construcción crea empleos, pero luego la infraestructura permite más empleos. No es subcontratación, es local.

Agricultura. La Argentina, Paraguay y Brasil son países bendecidos con muchos agricultores y muchos recursos naturales. Pero,¿qué les está pasando a esos pequeños agricultores? Al crecer, su generación, diferente de la mía y la de mi padre, piensa que la pequeña agricultura no vale la pena. Venden la tierra, se mudan a áreas urbanas y se convierten en población urbana pobre, a menos que tengan la suerte de ir a la universidad o encontrar un buen trabajo como nosotros. Ese no es un buen futuro. La clave es hacerles sentir que también tienen un futuro en sus tierras. Pero para ello, necesitan cooperativas que les den acceso a mercados, carreteras adecuadas, fertilizantes, y mejor tecnología de semillas, Por eso, el Banco Mundial se comprometió a invertir US$9000 millones al año en ayudar a los pequeños agricultores.

-¿Qué otros rubros?

-Atención primaria de salud. No solo permitirá a la población vivir de forma más saludable, sino que creará empleos para enfermeros, técnicos en diagnóstico médico, fabricación de equipos de protección personal. No solo necesitamos médicos, sino personas en diferentes niveles del sistema de salud para detectar enfermedades de forma temprana y ayudar con enfermedades no transmisibles, lo que yo llamo “los problemas del crecimiento de la clase media”: ataques cardíacos, presión arterial alta y diabetes. Estas no eran enfermedades comunes en nuestros antepasados, porque llevaban un estilo de vida diferente con una dieta distinta. Este es el problema de nuestra generación. Para abordarlo, necesitamos atención primaria de salud. Por eso, nos comprometimos a llegar a 1500 millones de personas para 2030 con atención primaria de salud.

Turismo. Este es un país con un enorme potencial para el turismo. Vine aquí por primera vez como turista y luego por trabajo. Necesitamos no solo infraestructura, sino también personas capacitadas en turismo, desde recepcionistas hasta operadores de salones de belleza, guías turísticos, y conductores de autobuses o camiones. Son empleos en diferentes niveles de la escala social, que ayudan a las personas a ascender.

Manufactura: No queremos que la minería signifique solo extraer el mineral y llevarlo al extranjero para procesarlo. El trabajo también debe realizarse aquí para que se generen empleos aquí. Si pensamos en estas áreas, ¿dónde está la subcontratación? Son empleos relevantes para las economías locales, que también se ajustan al comercio regional y bilateral. Ese es el modelo de crecimiento que estamos tratando de impulsar. Y para eso necesitamos institutos de capacitación y educación infantil temprana, un tipo diferente de inversión. Hay una gran brecha de habilidades en la minería, en el noroeste e incluyendo Chile. Si siguen adelante con los proyectos mineros pendientes de aprobación, no habrá suficientes personas capacitadas para ejecutarlos.

-De qué tiempos hablamos…

-Uno de los directores ejecutivos me dijo: “En cinco años, necesitarás un tipo de persona diferente porque la inteligencia artificial cambiará todo”. Estoy de acuerdo. Necesitaremos perfiles diferentes en cinco años, pero nosotros no somos los mejores para decidir eso. La industria lo es. Si ayudamos a crear institutos de capacitación con el gobierno en distintas áreas, el sector privado debe ayudarnos a definir qué tipo de habilidades se necesitan, para que entonces podamos desarrollar el plan de estudios. Esto no es caridad, sino acciones con un enfoque empresarial real.

 

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