Desde hace ya un tiempo, existe una gran tendencia de los usuarios de Netflix a inclinarse por las series basadas en hechos reales, sobre todo por aquellas que involucran crímenes que, hasta la actualidad, dejaron varios interrogantes sin resolver. Este es el caso de Chicas desaparecidas: El asesino en serie de Long Island, la nueva producción que se estrenó en la plataforma de streaming de la N roja y que ya se volvió furor a nivel internacional.
El programa documental cuenta un caso real que, a lo largo de diez años, desconcertó a la justicia, a la sociedad y a la policía, y que, para muchos, todavía está lleno de misterios. De acuerdo a la sinopsis oficial, “sigue la caza del asesino serial de Long Island desde la perspectiva de las víctimas, sus seres queridos y la policía”. Para lograrlo de manera concisa y completa, la serie está dividida en tan solo tres episodios, de aproximadamente 50 minutos cada uno.
Cada episodio adentra a la audiencia en esta escalofriante historia, que arranca en el año 2007, momento en el que varias mujeres desaparecieron en la zona de Gilgo Beach, Long Island. Aproximadamente tres años después, sus cuerpos fueron encontrados, pero durante mucho tiempo no se encontró conexión alguna entre estos crímenes. Sin embargo, una vez que se pudo identificar la identidad de las víctimas, se descubrió un factor común: todas eran mujeres jóvenes que se dedicaban a la industria del sexo y desaparecieron sin dejar rastro alguno.
Si bien en un principio no fue un caso mediático, la sociedad en general empezó a alarmarse gracias a la madre de Shannan Gilbert, una de las víctimas, quien luchó incansablemente hasta encontrar respuestas y hacer justicia. Fue ella, incluso, quien hizo la primera gran conexión para resolver el caso: se trataba de un hombre que atacaba a un grupo especialmente vulnerable y su comportamiento lo convertía en un asesino serial. Durante años los crímenes permanecieron impunes, hasta que en 2023 finalmente se detuvo al sospechoso de ser el asesino en serie de Long Island.
La serie, justamente, ahonda en cómo fueron los mismos familiares quienes lograron que este caso no quede en el olvido. A través de materiales de archivo, las voces de los protagonistas y de expertos, y el análisis de las tecnologías de ADN que usaron los allegados de las víctimas, la producción de Netflix logra retratar a la perfección cómo se siguieron las pistas que llevaron a dar con el asesino.
Chicas desaparecidas: El asesino en serie de Long Island es, sin dudas, la opción ideal para maratonear el fin de semana para aquellos que son fanáticos del misterio y los crímenes. Además, un punto muy interesante es que no solo se limita a analizar los rastros, los descubrimientos de la policía y el avance de la causa judicial, sino que también se adentra en las luchas de las familias de las víctimas, que se impusieron ante la indiferencia y frivolidad del sistema que las dejó desamparadas.
Por todo eso, el documental no solo le da a la audiencia la oportunidad de entender el caso en profundidad, sino que también ofrece un conocimiento profundo y humano de cómo los seres queridos de las víctimas usaron las nuevas tecnologías para esclarecer pistas que parecían indescifrables.
Desde hace ya un tiempo, existe una gran tendencia de los usuarios de Netflix a inclinarse por las series basadas en hechos reales, sobre todo por aquellas que involucran crímenes que, hasta la actualidad, dejaron varios interrogantes sin resolver. Este es el caso de Chicas desaparecidas: El asesino en serie de Long Island, la nueva producción que se estrenó en la plataforma de streaming de la N roja y que ya se volvió furor a nivel internacional.
El programa documental cuenta un caso real que, a lo largo de diez años, desconcertó a la justicia, a la sociedad y a la policía, y que, para muchos, todavía está lleno de misterios. De acuerdo a la sinopsis oficial, “sigue la caza del asesino serial de Long Island desde la perspectiva de las víctimas, sus seres queridos y la policía”. Para lograrlo de manera concisa y completa, la serie está dividida en tan solo tres episodios, de aproximadamente 50 minutos cada uno.
Cada episodio adentra a la audiencia en esta escalofriante historia, que arranca en el año 2007, momento en el que varias mujeres desaparecieron en la zona de Gilgo Beach, Long Island. Aproximadamente tres años después, sus cuerpos fueron encontrados, pero durante mucho tiempo no se encontró conexión alguna entre estos crímenes. Sin embargo, una vez que se pudo identificar la identidad de las víctimas, se descubrió un factor común: todas eran mujeres jóvenes que se dedicaban a la industria del sexo y desaparecieron sin dejar rastro alguno.
Si bien en un principio no fue un caso mediático, la sociedad en general empezó a alarmarse gracias a la madre de Shannan Gilbert, una de las víctimas, quien luchó incansablemente hasta encontrar respuestas y hacer justicia. Fue ella, incluso, quien hizo la primera gran conexión para resolver el caso: se trataba de un hombre que atacaba a un grupo especialmente vulnerable y su comportamiento lo convertía en un asesino serial. Durante años los crímenes permanecieron impunes, hasta que en 2023 finalmente se detuvo al sospechoso de ser el asesino en serie de Long Island.
La serie, justamente, ahonda en cómo fueron los mismos familiares quienes lograron que este caso no quede en el olvido. A través de materiales de archivo, las voces de los protagonistas y de expertos, y el análisis de las tecnologías de ADN que usaron los allegados de las víctimas, la producción de Netflix logra retratar a la perfección cómo se siguieron las pistas que llevaron a dar con el asesino.
Chicas desaparecidas: El asesino en serie de Long Island es, sin dudas, la opción ideal para maratonear el fin de semana para aquellos que son fanáticos del misterio y los crímenes. Además, un punto muy interesante es que no solo se limita a analizar los rastros, los descubrimientos de la policía y el avance de la causa judicial, sino que también se adentra en las luchas de las familias de las víctimas, que se impusieron ante la indiferencia y frivolidad del sistema que las dejó desamparadas.
Por todo eso, el documental no solo le da a la audiencia la oportunidad de entender el caso en profundidad, sino que también ofrece un conocimiento profundo y humano de cómo los seres queridos de las víctimas usaron las nuevas tecnologías para esclarecer pistas que parecían indescifrables.